A finales del siglo XIX, el Clarinete había
logrado una gran reputación entre los compositores, dejando atrás
una época en la cual el Clarinete apenas adquirió la relevancia
que merecía, ya fuese por los problemas técnicos y constructivos
como por sus defectos de afinación que hacían del Clarinete
un instrumento casi impracticable para los intérpretes.
Las modificaciones que sufrió nuestro instrumento
a partir de 1800 abrieron un nuevo campo interpretativo a los compositores
Románticos. Con la aparición del Sistema Müller en
1817 (el llamado Clarinete de 13 llaves) y el Sistema Böemh
diseñado por el constructor Auguste Buffet, las incómodas
posiciones horquilladas del Clarinete Clásico prácticamente
desaparecieron, dando al instrumento mayor virtuosismo y una afinación
correcta.
En lo que se refiere a su familia es
muy amplia y está compuesta por:
Clarinete en Mi b o requinto.(1)
Clarinete en Si b.(3)
Clarinete en La.(4)
Clarinete alto.(5)
Clarinete contralto.(6)
Clarinete bajo.(7)
Clarinete contrabajo.(8)
El más utilizado es clarinete en Si b. El más
pequeño es el clarinete en Mi b (requinto) que mide unos 45 cm
y el más grande es el clarinete contrabajo que mide unos 3 metros.
Con este renacer del instrumento en el siglo XIX, y la
merecida reputación adquirida, se inicia un nuevo despegue del
instrumento. El Clarinete era ya un sonido familiar en toda Europa y,
en la banda militar, fue utilizado desde Egipto hasta Japón. El
siglo XX comienza a ver el retorno de la forma de concierto como forma
popular, y el resurgimiento del solista de viento. También la música
de cámara recupera al Clarinete; desde el Quinteto de Viento de
Brahms, los compositores fueron evolucionando en el tratamiento del instrumento
en los grupos de cámara, hasta ver que el Clarinete responde a
las necesidades compositivas alejadas ya del Romanticismo y Post-romanticismo.
En el siglo XX, los compositores desarrollaron una serie
de investigaciones para extender la técnica de los instrumentos
tradicionales mediante intérpretes que encargaron nueva música.
Esto se produjo a causa del descubrimiento de la libertad del lenguaje
musical. Los compositores a principio de siglo forzaron el cromatismo
dentro de los límites de la tonalidad. Schöenberg y sus alumnos
fueron un paso más allá al romper con la tonalidad, fundar
un estilo atonal libre e introducir la teoría del dodecafonismo:
un sistema para organizar y controlar la atonalidad libre. Los compositores
posteriores a la Segunda Guerra Mundial recogieron la obra de la Escuela
de Viena, así como la libertad de altura y ritmo ofrecida por la
atonalidad, llegando a una reconsideración de los sonidos individuales
en sí mismos. Todo esto dio lugar al Serialismo: una organización
de los sonidos por alturas, ritmo y dinámicas por series. Este
sistema resultó ser demasiado restrictivo, pero dejó atrás
un enorme repertorio de sonidos y materiales, y abrió aún
más las puertas a diferentes maneras de organizar el material,
desde la música aleatoria de John Cage hasta los grandes diseños
de las formas actuales de Stockhausen.
La aparición de la música Electroacústica
en la década de los 50 buscaba mayores recursos expresivos, hasta
llegar a nuestros días, con la música experimental y por
ordenador: New Age, piezas Multimedia, Indeterminación...
También en este siglo aparecen contemporáneos
tradicionalistas y conservadores, que aunque no encajan con la mentalidad
Modernista de principios de siglo, son compositores imprescindibles del
repertorio contemporáneo: el Grupo de los Seis, los compositores
americanos de la década dorada de los 20, los nacionalistas,
los sinfonistas...
Por último, los compositores que abandonaron la
música occidental para adentrarse en los terrenos musicales
orientales y étnicos: música africana, judía, árabe,
hindú, japonesa, china,... e incluso música del folklore
americano como puede ser el Blues y el Jazz por citar algunos ejemplos.
En la historia de la música contemporánea
el salto cualitativo que tuvo lugar hacia 1910 reflejó también
el cambio de un estado general de conciencia.
La Nueva Música se diferencia de la tradicional
clásico-romántica por la relación esencialmente distinta
que existe entre las partes y el todo. En obras significativas de la música
avanzada es efectivamente problemático determinar qué es
una parte o sección o cuándo puede hablarse de una tonalidad
concebida como tal.
En la tonalidad libre se puede constatar ya la tendencia
a considerar los sonidos como hechos relativamente aislados, mientras
que en el serialismo, se impone el deseo de llegar a una totalización
de las distintas categorías musicales. Dichas categorías
son:
No hay un material musical específico; todo lo que
suena y también lo que no suena (determinadas formas de grafía
musical, silencios) puede ser música.
No existe ya una sintaxis musical. Procedimientos como
permutaciones, repeticiones mecánicas o también la variación
de desarrollo no apuntan a una división en frases o periodos ni
tampoco a finales de tipo cadencial conclusivo.
No hay tipos de formas preestablecidas. El compositor no
puede contar con que el oyente disponga a priori de unos modelos previsibles.
No es posible volver a la forma musical cerrada.
La métrica y el tempo no funcionan ya como elementos
unitarios. Es posible, en cambio, el empleo de varios estratos temporales
simultáneos y existen tantos modos de configuración del
tiempo como hechos musicales a los que corresponden. Tampoco existen géneros
musicales definidos y que se vean representados por obras concretas.
En la música avanzada, la relación texto-contexto
no se muestra solamente en lo puramente musical sino que se extiende a
sus aspectos sociológicos y políticos. Las implicaciones
políticas de lo estético tienen lugar como consecuencia
de la manera en que está constituida la obra musical en sí
misma y no - como sucedió sobre todo en los años sesenta
- como resultado de la utilización de textos políticos,
grabaciones y programas.
Las características del material musical que se
perfilaron en torno a 1910 han sido interpretadas de maneras distintas
por compositores y teóricos y serán sin duda objeto de nuevas
interpretaciones, pero sus repercusiones en la historia de la NUEVA MÚSICA
son irreversibles y no pueden ser borradas.
PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX.
2.1. - Introducción.
En los comienzos de siglo, Europa sufre un cambio de mentalidad
por los acontecimientos históricos acaecidos a finales del siglo
XIX. La Revolución Industrial conduce al Modernismo, y ello desemboca
en los experimentos artísticos y las nuevas vanguardias. Ya a finales
de siglo XIX, un compositor nos da un avance sobre esta revolución
musical: el francés Maurice Ravel, que nos presenta en su Bolero
la técnica de la orquesta contemporánea y antecedente de
la música Impresionista.
Las corrientes y vanguardias más importantes en
el terreno musical de este primer periodo del siglo XX en Europa son:
IMPRESIONISMO. Maurice Ravel y Claude Debussy.
POST-IMPRESIONISMO. Satie y el Grupo de los Seis.
EXPRESIONISMO. Alban Berg.
ATONALISMO. Arnold Shoenberg y Anton Webern.
SURREALISMO. PERCUSIÓN Y RUIDO. Edgar Vares
Aparte de distintas vanguardias, aparecen nuevas escuelas
de clarinete basadas en las tradicionales escuelas francesas y alemanas,
y que se ven influenciadas por las nuevas músicas. Las escuelas
de clarinete más destacadas son: escuela inglesa, con clarinetistas
con sonoridades de las dos escuelas tradicionales, pero con la característica
de vibrar el sonido constantemente; escuela rusa, que al igual que la
inglesa no tiene un timbre definido, pero muy sinfónica y experimental;
y la escuela española, influenciada por la francesa y con una tradición
de clarinete bandístico más que orquestal.
Los planteamientos musicales radicalmente nuevos hicieron
que el concierto sinfónico con solista resultara irrelevante para
muchos compositores, aunque hubo solistas específicos-generalmente
pianistas y violinistas; clarinetistas en menor medida-que continuaron
inspirando a compositores como Shoenberg, Berg, Webern, Hindemith, Bartók,
o el ruso Stravinsky. No obstante, cada una de las piezas era considerada
como un problema individual de forma, a menudo afectada por estudios de
estilos del pasado por parte del compositor, pero a la vez también
determinada por ellos mismos. El renovado gusto por los sonidos claros
y el contraste y las texturas contrapuntísticas, dio origen a un
renovado interés por el viejo concerto grosso. Esto
se puede apreciar, por ejemplo, en el Concierto de Ébano de Stravinsky.
Mientras tanto, algunos compositores de estilo neorromántico o
neoclásico continuaron sacando partido de las formas tradicionales
de componer conciertos, entre los cuales encontramos nombres destacados
como William Walton, Serguéi Prokóffiev o Dmitri Shostakóvich.
En EE.UU. la primera mitad de siglo presenta una tradición
indígena en la música culta. El jazz y la música
negra son material común en las composiciones, y el music hall
es un claro exponente de la mentalidad musical americana. Más tarde
sufrirá un cambio drástico con John Cage y su piano
preparado, música de clara raíz étnica.
2.2. - Obras para Clarinete.
El discípulo de Ravel, Claude Debussy, compuso a
principios de siglo una Rapsodia para clarinete y orquesta, marcando las
pautas del Impresionismo y comenzando así la el periodo de más
vanguardias en un solo siglo.
Francis Poulenc compone la Sonata para Clarinete y Piano
(1918) y muestra un estilo post-impresionista. Desde el punto de vista
cronológico, Poulenc es contemporáneo de grandes revoluciones
vanguardistas. Perteneció al Grupo de los Seis, junto a Auric,
Durey, Honegger, Milhaud y Taillferre. El padre de dicho grupo fue Eric
Satie. La obra de Poulenc está teñida de un humor irónico
y provocativo, pero también llena de matices que no hacen más
que reflejar el espíritu humano, profundo y lírico. Otras
sonatas son la Sonata para dos Clarinetes y la Sonata para Clarinete y
Fagot, con gran contenido musical y entretenimiento.
Arthur Honegger compone en 1920 la Sonatine, pieza animada
e interesante con un final jazzístico que funciona muy bien. Su
Rapsodie para flautas, clarinetes y piano es en cambio una obra muy melancólica.
Darius Milhaud (1927) y su Sonatine presenta ritmos peculiares
e ingeniosos, así como su posterior Duo Concertante. Su Suite para
clarinete, violín y piano tiene rasgos similares. Aunque técnicamente
son obras más exigentes que las de Honegger, son agradables de
tocar.
Entre los solos de Concurso del Conservatorio de París,
encontramos el de Henry Tomasi, con un Concertino. Tomasi también
compuso obras más pequeñas para clarinete y piano. Saint-Saëns
en su vejez (1921) compuso la Sonata para Clarinete Opus 167, que dedicó
a su amigo Auguste Périer.
El Quatuor pou la Fin du Temps de Olivier Messiaen, que
compuso en un campo de concentración durante la Segunda Guerra
Mundial, está considerado un clásico y, a pesar de las numerosas
dificultades, es una obra indispensable en el repertorio clarinetístico.
Los compositores italianos se concentraron principalmente
en obras vocales, a excepción de Ferruccio Busoni, quien escribió
un inusual y brillante Concertino en 1918 y una dulce Elégie en
1920 para clarinete y piano. Otros compositores italianos de esta época
son Scontrino con su Boceto para clarinete y piano; y Alfred Casella con
un Cuarteto caracterizado por secas disonancias diatónicas y líneas
claras.
Entre las obras inglesas, la Sonata de Arnold Bax es la
más conocida de este periodo. Además son dignas de mención
la Fantasy Sonata de John Ireland, que muestra un estilo influenciado
por Brahms y por el impresionismo francés, junto su inspiración
proveniente de las Islas Normandas o de las tierras de Sussex; y las sonatas
de Donald Tovey y York Bowen. La Sonata para clarinete y piano de Herbert
Howells es una obra excelente, llena de intensidad. Las Pocket-Sized Sonates
n.1 y 2 de Alec Templeton son menores, pero populares. Las dos tienen
influencias del jazz, sin bien la primera es tal vez la más atractiva.
Las obras de Gordon Jacob con clarinete están bien construidas,
son imaginativas y satisfacen a intérpretes y público; entre
ellas hay una sonatina, un trío, y obras para conjuntos mayores.
El concierto Opus 31 de Gerald Finzi es una obra meditabunda,
mientras que sus Five Bagatelles para clarinete y piano están entre
las más conocidas del repertorio ingles para este conjunto; otras
obras interesantes son las Four Pieces de Howard Ferguson.
El danés Carl Nielsen compuso en 1928 el Concierto
para clarinete y orquesta. Es un clásico del siglo XX: brillante,
ingenioso y difícil, con momentos de gran belleza. Su música
refleja una gran preocupación por el contrapunto y el cromatismo,
que combina con armonías no cromáticas en los puntos álgidos,
y la tonalidad progresiva, ya utilizada por Gustav Mahler en el siglo
XIX. También compuso anteriormente su Quinteto de viento.
Otros compositores daneses que favorecieron el clarinete
durante la primera mitad de siglo fueron Hermann Koppel con un concierto,
variaciones para clarinete y piano, e incluyó el instrumento en
su Sexteto Opus 36; Finn Hoffding, cuyo Dialoger para oboe y clarinete
es una obra muy didáctica; Fleming Weis, con un Concertino para
clarinete y cuerda y una Sonata para clarinete; y Vagn Holmboe alumno
de Hoffding y el compositor danés más importante después
de Nielsen, cuyo Concertino de Cámara nº3 Opus 21 está
instrumentado para clarinete, dos trompetas, dos trompas y cuerda. Vagn
Holmboe también escribió una Serenata Opus 3 para clarinete
con cuarteto de pianos y el Rapsodisk Interludium Opus 8 para clarinete,
violín y piano.
En Bélgica y Holanda el clarinete ha permanecido
como el favorito, usado por su color y flexibilidad en grandes grupos
instrumentales. Las obras del holandés Jan Ingenhoven durante la
Primera Guerra Mundial y la década siguiente incluyen una sonata
para clarinete y Sonatine para clarinete y violín. Se escribieron
conciertos interesantes por parte de los belgas Joseph Jongen y Georges
Loque (Idoles, Opus 41).
Al otro lado de los Alpes, el suizo Edwar Staempfli escribió
un Concertino para clarinete y cuerdas, así como obras para quinteto
de viento; y Paul Müller-Zurich compuso una Petite Sonate Opus 37.
El Quinteto (1944) para clarinete, fagot, violín, violonchelo y
piano de Constantin Regamey y las obras del ruso de nacimiento Wladimir
Vogel son dignas de interés. No obstante, la obra más conocida
del repertorio suizo es el Cappriccio para clarinete solo de Heinrich
Sutermeister.
La Sonata de Paul Juon es breve pero de gran calidad. Siegfried
Karg-Elert compuso tres sonatas, una de las cuales es para clarinete solo.
Vicktor Ullmann, así como Alois Hába en la antigua Checoslovaquia,
compuso obras con microtonales que incluyen Phantasy (1943), Suite (1944)
y una Sonata (1952)La Sonata (1939) de Paul Hindemith es una obra de gran
dificultad musical interpretativa. Su Concierto (1947) y sus cuartetos
y dúos son interesantes desde el punto de vista rítmico
sobre todo.
El cuarteto de Heinrich Kaminski para clarinete, violín,
violonchelo y piano muestra rasgos brahmsianos, y carece de la austeridad
patente en sus últimas obras. Los quintetos para clarinete fueron
compuestos por Franz Schmidt (en 1932 y en 1938, respectivamente), siendo
obras del repertorio de cámara importantes.
El Duett-Concertino para clarinete y fagot de Richard Strauss
es típicamente contrapuntístico. Ernst Krenek compuso las
Marches Opus 44 y la Intrada for Winds Opus 51-A a mitad de los años
20, cuando trabajaba en los teatros de ópera de Kassel y Wiesbaden.
Su Serenata Opus 4 para clarinete y trío de cuerda es menos disonante,
pero su estilo es muy individual y sutil.
Alfred Uhl, alumno de Franz Schimdt escribió numerosas
obras para clarinete. Difíciles, normalmente exuberantes, cuenten
con una con una Konzertante Sinfonie (1943) con orquesta y Kleines Concert
(1937) para clarinete, viola y piano, así como un Divertimento
(1942) para tres clarinetes y clarinete bajo, y algunos estudios extremadamente
valiosos.
En Hungría, Albert Siklós compuso el cuarteto
Miguelangel para clarinete, trompa, fagot y piano; La Sonata Opus 5 de
Hans Kornaut, quien escribió un Quinteto y un Noneto. Los Contrastes
de Béla Bartók para clarinete, violín y piano fueron
pensados originalmente como un doble concierto para clarinete y violín.
Pero nunca fue orquestado, y sería difícil predecir si ello
hubiera mejorado la intensidad de la obra.
La Sonatina para clarinete y piano del compositor polaco
Antón Szalowski es una obra brillante y de pasajes densos pero
fáciles de escuchar. Su dúo para flauta y clarinete es igualmente
grácil. Casimires Sikorski y Michal Spisat compusieron conciertos
para nuestro instrumento.
Cronológicamente, Leos Janácek pertenece
casi totalmente al siglo XIX; pero, musicalmente, es más del siglo
XX y sus obras más importantes son de las dos primeras décadas.
El sexteto Mladi para quinteto de viento con la incorporación de
clarinete bajo es una obra capital; Rikadla (canciones infantiles) fue
escrita originalmente para voces femeninas con acompañamiento de
clarinete y piano, pero más tarde las amplió con más
canciones e instrumentos.
Los rusos Miroslav Krejcí, Rudolf Kubin y Václav
Vackár escribieron conciertos; Dalibor Vackár; hijo del
anterior, compuso un Scherzo e Cantabile para clarinete y piano; también
un cuarteto para trío de cañas y piano.
Alois Hába es probablemente el más conocido
por sus obras experimentales, y su Sonata para clarinete en cuartos de
tono y piano. Otras sonatas interesantes fueron compuestas por Jaromir
Weinberger (Sonatina), Víctor Kalabis e Isa Krejci, quien escribió
un quinteto para clarinete y varios tríos. Jaroslav Jezek compuso
un cuarteto para la original formación de una flauta, dos clarinetes
y tuba.
Stravinsky escribió la Historia de un Soldado (1918)
para septeto, difícil pero efectiva. Después compuso las
Tres Piezas para clarinete solo (1919)La última de estas piezas
muestra una influencia de la música popular de la época
y del jazz. Entre otras de sus composiciones, las Berceuses du Chat (1917)
y Elegy for J.F.K. (1964) son para trío de clarinetes y voz. También
es importante el Concierto de Ébano (1945), dedicado a Woody Herman.
Nicolai Berezowsky y Vladimir Kryukov compusieron tres
conciertos (el primero dedicado a Louis Cahuzac) El trío para clarinete,
violín y piano de Aram Kachaturian tiene un toque oriental y exótico.
La Obertura sobre temas hebreos de Sergi Prokoviev para clarinete, cuarteto
de cuerda y piano tiene, de un modo parecido, una parte florida para el
clarinete.
Aram Jachaturiam compuso un Trío para clarinete, violín
y piano (1932) donde demuestra su potencia lírica, un hábil
empleo de las disonancias, el uso de técnicas tradicionales y la
influencia de la música popular de Armenia. Fue uno de los autores
que, junto con Prokóffiev y Shostakóvich, sufrieron la censura
del gobierno soviético, al ser tachada su música de formalista,
es decir, que no reflejaba el optimismo y la simplicidad exigidos por
la ideología del realismo socialista.
En Grecia y en el resto de países del Mediterráneo
oriental, el clarinete es más un instrumento folclórico
que de concierto. Algunos compositores que contribuyeron al repertorio:
el griego Manolis Kalomiris (canciones), los yugoslavos Slavco Osterc
(una Sonatina para dos clarinetes), Lucijan Marija Skerjanc (un concierto
para clarinete, cuerda, percusión y arpa) y Josip Slavenski, y
los búlgaros Konstantin Iliev y Simeon Pironkov (quintetos y tríos).
En los EEUU aparece una de las primeras obras que combinan
el estilo clásico y el jazz: Rhapsody in blue (1924) de George
Gershwin cuyo glissando inicial del clarinete muestra un elemento típico
de la música popular americana. Este concierto fue dedicado al
clarinetista de jazz Benny Goodman.
La escuela americana está influenciada por Francia,
Italia y Alemania. El estilo americano es variado por la gran cantidad
de escuelas clarinetísticas, que en su mayoría adoptan en
esencia el sistema francés.Aarón Copland es el autor más
representativo de la primera etapa de siglo en los EEUU. El objetivo principal
que como artista se planteó siempre fue el de llegar a crear un
estilo genuinamente americano en el plano de la música seria
o de concierto. Generacionalmente perteneció a aquel grupo de compositores
de carrera emergente hacia el final de la Primera Guerra Mundial-Roy Harris,
Virgil Thomson, Marc Blitzstein- a quienes unen una serie de rasgos comunes:
Todos buscaron una formación europea para entrar
en contacto con la música contemporánea de Europa; reciben
influencias de Ravel, Debussy y, sobre todo, del Grupo de los Seis a través
de las enseñanzas de la compositora francesa Nadia Boulanger y
de Ricardo Viñes.
Pretendían un estilo americano no basado únicamente
en la música popular; querían un estilo propio con sus ritmos
y acentos americanos, es decir, que representase a su país natal.
Influyeron mucho en ellos los renovadores del ballet: Strawinsky,
Diaghilev e Isadora Duncan. Esto lo fundían con los elementos autóctonos
americanos.
El Concierto (1949) de Aaron Copland para clarinete, arpa,
piano y cuerda es el más famoso. La primera parte es lírica;
la segunda, a partir de la cadencia, jazzística. Fue un encargo
del gran Benny Goodman, de ahí la cantidad de efectos sonoros jazzísticos
logrando el mestizaje musical perseguido. Sorprende la explotación
del registro agudo del instrumento y el glissando final que demuestra
el virtuosismo brillante del clarinete estadounidense.
Las sonatas fueron escritas por, entre otros, Leo Sowerby,
Bernard Heiden, el musicólogo Burnet Corwin Tuthill que escribió
también un Concierto y un Intermezzo para tres clarinetes y el
director y compositor Leonard Bernstein con su Sonata para clarinete y
piano, el Prelude, Fuge and Riffs (1949) que fue para el clarinetista
Woody Herman.
Los Hillandale Waltzes para clarinete y piano del pianista
Victor Babin son excelentes piezas del recital clarinetístico.
Otros compositores americanos fueron Hunter Jonson, que compuso una serenata
para flauta y clarinete, así como el quinteto de viento Elegy for
Hart Crane; Robert Levine Sanders compuso una Rhapsody para flauta, clarinete
y fagot; y por último Eliot Carter con su Pastorale para clarinete
y piano.
En la década de los 30, el clarinetista Benny Goodman
creó un nuevo estilo musical denominado Swing. Goodman
compuso numerosos temas para clarinete y orquesta de jazz, y desde entonces,
después de su presentación en el Carnegie Hall de NuevaYork,
el jazz como música de concierto se hizo común. Uno de los
temas más conocidos es The Rachel´s Dream, donde el clarinete
muestra un gran virtuosismo a la hora de interpretar los glissandos. También
destacó en la música swing el compositor y director de jazz
Glenn Miller, que en 1937 creó una orquesta de baile, donde sus
melodías eran interpretadas por un clarinete y cuatro saxofones.
Entre las composiciones, están Little Brown Jug, Sunrise Serenade,
American Patrol, In the Mood, Moonlight Serenade,etc., todas grandes éxitos
de la radio estadounidense de los años 40, y piezas que muestran
el clarinete americano en todo su apogeo.
En Sudamérica destacan el compositor argentino Amadeo
Roldán, nacido en París y titulado en Madrid, con su obra
Danza Negra para voz, dos clarinetes, dos violas y percusión y
el también argentino Juan Carlos Paz con una Sonatina para clarinete
y piano, y sus Cuatro Piezas de clarinete. En Brasil, Villalobos compuso
el Chôros Nº 2 para flauta y clarinete, y un trío de
cañas de gran técnica. Claudio Santoro escribió piezas
para clarinete y variaciones miniatura para clarinete y cuerdas.
3. SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX.
3.1. - Introducción. A partir de los años
50, el clarinete se vio afectado por la evolución del universo
sonoro y la ampliación de las técnicas instrumentales; Shoenberg
fue el compositor que abrió las puertas y los modernistas más
jóvenes (Berio, Nono, Maderna, Ligeti, Xenakis y otros, junto con
Boulez y Stockhausen) heredaron y continuaron un lenguaje europeo vanguardista.El
Serialismo nace por la búsqueda de nuevas experiencias sonoras.
Gacinto Scelsi compuso en 1950 las Quator Pieces para veintiséis
instrumentistas, siendo el ejemplo claro de música serial. Es una
obra basada en una sola nota pero en diferentes alturas e intensidades,
y la melodía se establece en los distintos timbres; es una música
organizada matemáticamente, sin variación.
Luego le seguirá el Post-serialismo, movimiento
experimental encabezado por John Cage y cuyos importantes antecesores
fueron Satie y Charles Ives. Se fundamenta en las texturas musicales y
en las orquestaciones, y aunque parezca que se compone al azar, tiene
una estructura muy organizada en sus parámetros. Ligeti seguirá
sus pasos en la década de los 60.
Los movimientos experimentales serán en este periodo
incontables, aunque caben señalar la Indeterminación, puntillismo,
aleatoriedad, grafismo, música Electrónica, Electroacústica,
Minimalismo, música Ambiental, New Age y las nuevas tendencias
que aparecerán ya en el siglo XXI pero que serán consideradas
generacionalmente del siglo XX.Mención aparte merece la música
experimental en España, por lo que le dedico un estudio más
completo y detallado.
3.2. - Obras.
Las técnicas instrumentales ampliadas desde los
años 50 hasta los 70 fueron el coto de los primeros especialistas.
El clarinetista y compositor William O. Smith compuso en la década
de los 60 su Variants para clarinete solo. Esta obra supuso un cambio
de mentalidad en el tratamiento del instrumento, pues es un verdadero
catalogo de los nuevos sonidos experimentales, aunque Luciano Berio ya
lo hizo en su Secuencia I para flauta y sirvió de ejemplo a Smith.
Sus Five Pieces para clarinete solo son posteriores y muestran a un clarinete
capaz de efectuar cualquier tipo de intervalo y efecto. También
colaboró con el compositor Luigi Nono en la obra para cuatro voces,
cinta y clarinete solo, donde prueban los sonidos multifónicos:
A floresta è jovem e cheja de vida (1966). Nono siempre ha trabajado
junto los intérpretes, pues tienen en sus obras también
una parte creativa en la composición de la obra. Hasta su muerte,
en 1990, trabajó con un pequeño grupo de músicos
italianos, junto al clarinetista Ciro Scarponi. En concierto, tanto las
voces como el clarinete y las láminas de cobre intervienen en vivo,
superponiéndose y alternándose con las partes grabadas,
y las barreras entre música y ruido parecen borrarse; es lo que
él llama música pura.
Italia parece haber sido el crisol de la primera experimentación
instrumental: el compositor Bruno Bartolozzi hizo el primer intento de
sistematizar y asignar notación a los multifónicos, microtonos
y trinos de color (con diferentes digitaciones para la misma altura) en
New Sounds for Woodwind (1967), resultado del trabajo con músicos
orquestales de viento en Milán y Florencia.
Las investigaciones en el clarinete fueron continuadas
por Giuseppe Garbarino en su excelente Método para Clarinete.
Luciano Berio(1925-) fue el fundador del centro de música
electrónica Studio di Fonología Musicale de
Milán. En 1958 comenzó a componer una serie de obras para
instrumentos solistas bajo el título de Sequenzas. Concebidas como
pequeños monólogos de duración variable, profundizan
en aspectos técnicos específicos, desarrollan un diálogo
entre el virtuoso y su instrumento; busca una relación estrecha
y particular entre el autor y el intérprete como testimonio de
una situación humana, la que refleja la lenta transformación
de los instrumentos y sus técnicas a través de los tiempos.
La Sequenza IXa, para clarinete solo, es obra compleja en sí pero
repleta de efectos sonoros como el frullati y los microtonos. Es una obra
básica en el repertorio contemporáneo dotado de técnicas
experimentales.
El Concerto de V. Bucchi consta de cuatro tiempos, destacando
una coral de multifónicos en el tercer tiempo que requiere unos
conocimientos previos de este recurso sonoro.
El compositor Giacomo Miluccio presenta en su Rhapsodie
para clarinete solo un estilo muy personal y espiritual, con tintes étnicos
y fuera de las vanguardias.
El italiano Giacinto Scelsi componía para el grupo
de improvisación Nuova Consonanza en la década
de los 60, experimentando otras formas sonoras distintas. Producto de
la música de improvisación es Piccola Suite, Quays, Preghiera
o 3 Studi. Es una colección de piezas para flauta y clarinete,
donde el sonido y sus múltiples posibilidades en dúo son
el fin compositivo. Son obras virtuosísticas, microtonales, e incluso
ascéticas cuando interviene el clarinete bajo. demostración
del virtuosismo de los intérpretes con una línea individual,
siendo una lucha entre ellos. En total, una obra que explota la técnica
de los instrumentos e intérpretes.
EL CLARINETE DEL SIGLO XX EN ESPAÑA.
La llegada del siglo XX sorprende a nuestra vida musical
con una serie de problemas que había arrastrado durante el siglo
XIX y que están sin resolver a nivel social, aunque a nivel musical,
figuras como las de Albéniz o Granados empiecen a irrumpir. Baste
recordar la ausencia casi absoluta de una vida sinfónica e incluso
camerística a lo largo de toda la Centuria. El compositor de que
sólo quería música amable de salón.
En Inglaterra el intérprete Alan Hacker encargó
muchas obras de este estilo. Algunas de ellas están entre las mejores:
Hymnos de Maxwell Davies (1967) para clarinete y piano, Linoi para clarinete
di bassetto y piano, Paraphrase (1969) de Alexandrer Goehr para clarinete
solo y el Collage de Bartolozzi, para clarinete solo.
Harrison Birtwistle (1934-) es uno de los compositores
más importantes del siglo. Es el fundador de los Pierrot
Players, grupo de cámara dedicado a la música contemporánea,
donde tocaba el clarinete. Su música nunca ha sido convencional,
utiliza estructuras y desarrollos muy particulares, pero de gran dramatismo.
Entre sus obras de cámara destacan Tragoedia (1965) y Verses for
Ensembles (1969). Los instrumentos de ébano presentan los sonidos
más oscuros y graves que pueden emitir junto a los metales haciendo
notas pedales.
En Francia, Pierre Boulez, alumno de Messiaen, compuso
una de las obras más importantes para clarinete de los últimos
50 años: Domaines (1961) para clarinete solo, estrenado por el
clarinetista alemán Hans Deinzer. Poco más tarde Hacker
estrenó la versión para conjunto. La forma de la obra muestra
el flirteo pasajero de Boulez con las técnicas aleatorias, por
brindar la posibilidad de escoger diferentes caminos a través del
material y libertad en el orden de las páginas. Esta aparente aleatoriedad
está siempre controlada por la estructura unificadora del número
seis. Hay seis páginas de solo que en la segunda parte tienen que
ser leídas casi al revés a modo de espejo, sumando así
seis páginas más. En cada página hay seis fragmentos
diferentes de material y dos maneras posibles de leer la página,
tanto de arriba abajo, como de lado a lado. El seis está reflejado
en las notas mismas: grupos rítmicos de seis, segmentaciones de
las doce alturas cromáticas, y subdivisiones y agrupaciones de
dinámicas y ritmo. En la versión para conjunto hay seis
grupos que van aumentando en intérpretes: el primero consta de
un clarinete bajo, otro con dos instrumentos, etc., hasta llegar al último,
que consta de un sexteto de cuerda. Cada una de las páginas del
solista está relacionada con uno de los grupos, tanto física
como espacialmente en el escenario, así como en el material musical.
El solista toca una página al lado del grupo asociado que después,
toma su material mientras el solista se aleja para escoger a otro grupo
para tocar, y así hasta el final de las seis páginas y hasta
que todos los grupos hayan tocado. Luego, en la segunda parte en espejo,
los grupos tocan antes, escogidos por el director, y el clarinetista tiene
que perseguir al grupo seleccionado. La escritura para clarinete es fantástica,
está llena de color y detallada en notación; casi todas
las nuevas técnicas están utilizadas con una particular
belleza en dinámicas y multifónicos.
El también compositor francés Vinko Globokar
compuso Discours IV (1974) para tres clarinetistas, donde uno toca con
un clarinete con una boquilla en cada extremo del clarinete y una caña
de corno inglés en el agujero del pulgar; dos clarinetes bajos
sin campana tocados dentro de un tazón lleno de agua, y tres clarinetes
contrabajos sin boquillas y tocados con una boquilla de trombón.
Otra de las obras es Voix Instrumentalisée (1973)
para clarinete bajo sin boquilla, donde el intérprete debe vocalizar
a través del clarinete. Las cuatro páginas de la partitura,
con doce cortas secciones de material, mezclan la notación gráfica
con controles precisos de la altura para las digitaciones, zumbido de
labios, y alturas vocales. Tiene secciones de extrema dificultad cuando
la vocalización, los glissandos de labio y el movimiento del mecanismo
tienen que hacerse al mismo tiempo. Es una pieza con momentos de gran
belleza y secciones humorísticas.
En Alemania, el compositor más destacado es Karlheinz
Stockhausen; músico experimental, ha pasado por las vanguardias
más importantes de Europa desde 1945 hasta nuestros días:
serialismo, serialismo integral, puntillismo, música de texturas,
aleatoriedad, grafismo, música electrónica, etc. Fue una
de las voces más autorizadas de la llamada vanguardia postweberiana,
demostrado en sus escritos teóricos y propagandísticos.
De sus obras para clarinete, destaca una camerística: las Doce
Melodías del Zodiaco, integradas en la obra MUSIC IM BAUCH(MÚSICA
EN EL VIENTRE)para seis percusionistas y cajas de música(1975),
que han sido publicadas en partitura especial para instrumento melódico
y/o polifónico bajo el nombre de Tierkreis. Se puede interpretar
como pieza solística por parte de un instrumento melódico
o polifónico, o bien como dúo. Son también posibles
las versiones para cualquier tipo de conjunto como las publicadas en 1977
para clarinete, trompa, fagot y cuerda o la versión más
extensa del Zodiaco para música electrónica más trompeta,
soprano, clarinete bajo y bajo.
En 1981, aparece una nueva versión de la obra, realizada
por Suzanne Stephens y Majella Stockhausen, para clarinete y piano, que
fue adquiriendo su forma definitiva a través de una serie de ensayos,
llevados a cabo ante el compositor. El orden de los doce signos es idéntico
al de los meses del año. Es posible empezar con cualquier signo
y continuar en el orden prescrito en la partitura. Para concluir, después
de haber tocado los doce, hay que volver a tocar una sección e
aquél con el que se haya comenzado. Habrá que elegir la
sección que mejor se adecue a la función de cierre que se
requiere para un final.
Además de la música escrita y recogida en
la partitura, la obra comprende también una serie de instrucciones
escénicas para el clarinetista, es decir, una coreografía
para cada signo especificada en el texto musical. Estas instrucciones
se pueden hacer al pie de la letra, o bien se pueden variar o complementar
con aportaciones nuevas del intérprete; en definitiva, la interpretación
adquiere un carácter personal al ser los ejecutantes los que dan
forma a la obra gracias a la libertad dada por el compositor.
El compositor húngaro György Ligeti (1923-)
es el compositor electroacústico más importante, junto a
Stockhausen. Formado en la escuela de Kódaly, su estilo irrumpe
en la década de los sesenta, en medio de una vanguardia internacional
consagrada a continuar la herencia puntillística de Webern. En
Ligeti, los ejes fundamentales son la densidad, el timbre y el tiempo
en su globalidad. Pero él ya pasó las vanguardias, que se
reflejan en su obra juvenil: Seis Bagatelas para Quinteto de Viento (1953).
En cambio, sus Diez Piezas para Quinteto (1968) muestran un postmodernismo
rico en acordes tonales y disonancias nuevas. En definitiva, es un compositor
que ha ido adaptando su estilo a los tiempos, y que después de
su etapa electrónica, ha pasado por el minimalismo americano, músicas
africanas, nuevos experimentos...
El compositor nórdico John Harbison (1938-) compuso
en 1978 el Quintet for Winds, una composición muy virtuosa, llegando
a rozar el límite técnico de los instrumentos, sobre todo
el clarinete. La Intrada, primer tiempo de la obra, es una serie de unísonos.
El Scherzo es una lucha virtuosistica individual en intervalos de tercera
mayor y semitono. La frontera de las capacidades técnicas es el
Finale, tiempo último de marcha y de grandes habilidades con el
instrumento.
4. EL CLARINETE CONTEMPORÁNEO EN ESPAÑA.
La llegada del siglo XX sorprende a nuestra vida musical
con una serie de problemas que había arrastrado durante el siglo
anterior y que están sin resolver a nivel social, aunque a nivel
musical, figuras como las de Albéniz o Granados empiecen a romper.
Basta recordar la ausencia casi absoluta de una vida sinfónica
e incluso camerística a lo largo de toda la centuria. Y el compositor
español, acorralado por una burguesía que sólo quería
música amable de salón y zarzuela.
La reacción de las Sociedades Filarmónicas
amplía el panorama musical, familiarizando al público con
música de cámara del siglo XIX y con obras nuevas españolas.
Las orquestas dieron a conocer el repertorio clásico, romántico
y moderno, aparte de los nuevos compositores españoles. Durante
la Primera Guerra Mundial, España acababa de conocer a Beethoven
y a los autores impresionistas Ravel y Debussy, estilos que influyeron
en los compositores nacionalistas españoles, cambiando el panorama
musical español y aceptando más fácilmente los nuevos
estilos.
Manuel de Falla es el más grande de los compositores
españoles del siglo XX; acuño el folclore español,
puso música a canciones populares, logró introducir el impresionismo,...
pero muchas de sus obras neoclásicas, abstractas y concentradas
no fueron asimiladas hasta casi nuestros días.
Pero el gran desarrollo de la música en España
ocurre en la segunda mitad de siglo, donde los contemporáneos abren
nuevos caminos musicales. La llamada Generación del 51
tuvo que asumir el papel histórico de apertura para la vida musical
española, introduciendo vanguardias olvidadas, como la del 27,
por ejemplo. Son los llamados Progresistas: una generación maura
y actual, que lograron la renovación profunda del lenguaje musical
español.
Juan Hidalgo(1927-) funda la ZAJ, institución o
movimiento dedicado a la experiencia artística; junta las últimas
consecuencias de Stravinsky y Bártok, el atonalisno expresionista,
el dodecafonismo, el serialismo integral, las formas abiertas y aleatorias,
el grafismo y la técnica electroacústica; es decir, recuperar
el tiempo perdido.
ZAJ es una vanguardia que logra un revulsivo artístico
y el rechazo de un público sorprendido. El italiano Walter Marchetti
ayudó en los comienzos de este movimiento. Luego lo seguirían
los de la Generación del 51.
El compositor de sumo interés entre los de la Generación
del 51 es, sin duda, Carmelo Bernaola(1929-). Durante muchos años
fue clarinetista de la Banda Municipal de Madrid, y conocedor de los avances
musicales de Italia, al residir una temporada desde 1959 hasta 1962 con
Goffredo Petrassi. Luego amplió sus estudios en otros centros de
vanguardia europea. Sus obras más importantes son Oda fur Marisa(1970)
para clarinete, trompa y orquesta de cámara; Argia ezta Ikusten(1973)
para clarinete, vibráfono y percusión; Superposiciones Variables(1974)
para clarinete y dos magnetófonos; Achode(1977) y Que Familia para
quinteto de clarinetes; y Solo de Clarinete(1995) dedicada al eminente
clarinetista Guy Deplus.
Ramón Barce(1928-) es el capitán del grupo
Nueva Música y participante de la fundación
ZAJ. Presidente de la Asociación de Compositores Sinfónicos
Españoles, creada en 1976, y traductor de las obras de Shoenberg,
compuso el estudio tímbrico para clarinete y piano Siala(1964),
obra visual gráfica de vanguardia ZAJ.
El tarraconense Riudoms Joan Guinjoan(1931) es el fundador
del Diabolus in Música, agrupación de música
contemporánea con una gran labor pedagógica y divulgativa.
Sus Tres Piezas(1969) para clarinete solo cita elementos aleatorios, creativos
y con rasgos de humor. En música de cámara destaca sus Tres
Movimientos(1965) para piano, clarinete y percusión.
Claudio Prieto(1934) presenta una obra abstracta y constructiva
en la que el serialismo integral evoluciona a formas propias, sin modas
estéticas. En El Juego de la Música(1971) para quinteto
de viento muestra las influencias del maestro Petrassi. Luego investiga
el color instrumental en un interesante concepto formal para la coordinación
de dos solistas: Reflejos(1973) para clarinete y cinta magnética,
donde busca las posibilidades de diálogo en el mundo tímbrico.
Agustín González Acilu(1929) estudió
en Italia, Francia y Alemania. En sus obras intenta unir las experiencias
vocales fonéticas. En Clarinete-Concepto(1976) investiga sobre
la materia sonora; su música tiene un talante investigativo y experimental,
sobre todo en el campo de las búsquedas fonéticas.
Hay también una gran cantidad de músicos
que practican lenguajes más moderados, sin ceñirse a vanguardia
alguna. No son conservadores, sino que tienen una línea evolutiva;
los rasgos de este grupo son:
Visión tradicionalista.
Persistencia neoclásica.
Seguidores del realismo soviético de Shostakovich.
Influencias de Stravinsky, Bártok y Manuel de
Falla.
Estos compositores intentan ampliar el campo del sistema
tonal, un politonalismo de contrapunto disonante o la armonía de
cuartas; es decir, una música en el límite de lo tonal,
aunque a veces desemboque en atonalismo y dodecafonismo. El autor más
importante es Manuel Castillo(1930), profesor de piano y composición
en el Conservatorio de Sevilla que lleva su nombre, dedicado ahora solo
a su labor compositiva. Su música de cámara para clarinete
nos muestra un Divertimento para trío de viento y un Quinteto de
viento(1955). Para clarinete y orquesta compuso Orippo(1991).
Ángel Arteaga compuso en 1978 Contexto para cinco
clarinetes, obra experimental con una forma autónoma derivada del
manejo del material empleado.
Otros compositores de este grupo son:
Armando Blanquer con su Quinteto(1959)
Rogelio Groba y su Ignis Coronat Opus(1973) para quinteto
y percusión.
Jordi Cevelló con el Capriccio(1971) para quinteto
de viento.
Luis Blanes con su Quinteto de Viento Nº1
Un autor intergeneracional, es decir, que no pertenece
a un grupo específico, es Jesús Villa-Rojo. Gran clarinetista,
busca la renovación técnica del instrumento. Destacan sus
Tres Piezas sobre Ritmos Desvirtuados(1966) para quinteto de viento; Música
sobre un Tema(1968) para sexteto de viento; Música para Entender
Equis Resultados(1969) para clarinete incorporado al piano, siendo una
brillante investigación sobre el empleo no convencional de los
instrumentos; Formas y Fases(1971) para clarinete y conjunto, donde investiga
el sonido y las nuevas grafías. En música orquestal, destaca
el Concierto Grosso I (1979) para oboe, clarinete, fagot y orquesta de
cuerda, donde demuestra un avance en el tratamiento concertante y las
nuevas posibilidades orquestales; Klim(1977) para conjunto de clarinetes
es otro ejemplo.
Importante en la música electroacústica española
es Andrés Lewin-Richter(1937), barcelonés que pertenece
a los primeros intentos electroacústicos de los autores españoles.
Su obra para clarinete es: Reacciones I(1979) para clarinete bajo y cinta.
Su significación compositiva no es absolutamente marginal, sino
que abre un amplio panorama creativo.
Félix Ibarrondo, formado en Francia con Messiaen,
compuso Clair-Oscur(1975) para clarinete y piano, obra de gran colorido
y singular fuerza que, a la vez, demuestra un cuidada estructuración
de influencia francesa.
Salvador Brotons(1959) compone la Sonata Opus 46(1988)
para clarinete y piano, obra de incesantes cambios de compás, agitación
rítmica y recitativos en los movimientos lentos